13 septiembre 2006

crimen pasional en el hotel crillón

[Manuel Torres Abarzúa] Archivos del crimen. María Carolina Geel tiñó de rojo las alfombras del legendario local, al asesinar al periodista Roberto Pumarino. Famosa escritora acribilló a su amante en el aristocrático Hotel Crillón. Llevaba 8 años como amante del cronista deportivo. Cuando supo la verdad, metió un arma en su cartera y lo buscó hasta matarlo.
El desaparecido Hotel Crillón es ahora una gran multitienda Ripley en pleno centro de Santiago.
Anclado en Agustinas con Ahumada, el edificio fue construido en 1919 como residencia de la familia Larraín García Moreno. Después se convirtió en el Hotel Savoy.
A comienzos de los '30 adoptó el nombre que lo convirtió en uno de los epicentros sociales del siglo XX y competencia del Carrera.
En sus lujosos dormitorios pernoctaron estrellas del celuloide como Gary Cooper y Clark Gable.
Era punto obligado para bohemios, políticos, escritores y hombres de negocios.
Joaquín Edwards Bello se inspiró en él para redactar su novela ‘La chica del Crillón'.
Pero el 14 de abril de 1955 una despechada escritora inscribió para siempre al lujoso salón de té, con capacidad para 600 personas, en la crónica roja.
María Carolina Geel, seudónimo de Georgina Silva Jiménez (46), era hacía ocho temporadas la amante del cronista deportivo y funcionario de la Caja de Empleados Públicos y Periodistas, Roberto Pumarino Valenzuela (32).

Traición
Ella estaba profundamente enamorada de él, hasta que se enteró de una verdad que le rompería el corazón y la razón: Roberto había decidido casarse con otra, luego de cumplir dos meses de viudez.
Fuera de sí, guardó su arma en la cartera y dirigió sus pasos tras el ‘traidor'.
Lo encontró en una de las mesas, bebiendo un café y leyendo el diario.
La sala estaba atestada de clientes.
Tras encararlo, cegada por los celos, extrajo la pistola Browning que teñiría de sangre las finísimas alfombras del recinto.
Le descerrajó cinco tiros a quemarropa. Cuatro lo impactaron mortalmente.
El pánico se apoderó de los comensales, que corrieron despavoridos.
Según los testigos, María se abalanzó sobre Roberto moribundo, lo besó y dijo a viva voz: "Era lo que más amaba en la Tierra".
Como petrificada, esperó que la policía la detuviera en el sitio del suceso.
Gracias a las presiones que ejercieron sus amigos influyentes, fue condenada por homicidio, en un rápido juicio, a la exigua pena de tres años de presidio.
Pasó sólo un año en la cárcel, ya que, gracias a la mediación de la destacada poetisa Gabriela Mistral, obtuvo el indulto presidencial.
Una vez que abandonó la cárcel siguió con su carrera literaria.
Su pluma no descansó hasta 1996, cuando la muerte le dio la paz que en vida no encontró jamás.
Arrasó con su libro vivencial ‘Cárcel de Mujeres'.
El libro más famoso que escribió María Carolina Geel fue, precisamente, ‘Cárcel de Mujeres', publicado en 1956 por editorial Zig-Zag.
La obra narra sus experiencias durante su año de encierro.
"Escriba, cuente, diga simplemente cuanto sepa; porque aunque se trate de usted misma, usted no lo sabe todo", le sugirió el crítico literario Alone en el prólogo del texto.
Y así lo hizo. Por ejemplo, relató con lujo de detalles los fogosos encuentros sexuales entre las internas, los dramas y la rutina diaria tras las rejas.
Las historias provocaron estupor en la sociedad de la época. Nunca se había redactado algo así.
Geel, taquígrafa de la Caja de Empleados Públicos y Periodistas, se inició en las letras en 1946, con la novela ‘El mundo dormido de Yenia', cuyos personajes muestran un inconmensurable mundo interior.
Siguió con 'Extraño estío', de 1947, un relato sobre una eva separada. Luego publicó ‘Soñaba y amaba el adolescente Perces', en 1949, ‘El pequeño arquitecto', en 1956, y ‘Huida', en 1961.
Posteriormente incursionó en la crítica literaria. Sus textos fueron publicados en diarios y revistas, como Crónica, El Mercurio, la revista Atenea y el semanario PEC (Política, Estudios y Cultura).

Con el Favor de Doña Gabriela
"Respetuosamente suplicamos a V.E. indulto cabal para María Carolina Geel que deseamos las mujeres hispanoamericanas. Será ésta una gracia inolvidable para todas nosotras".
Con estas palabras, la escritora Gabriela Mistral, amiga de la asesina, le ablandó el corazón al presidente Carlos Ibáñez del Campo.
Escribió la solicitud el 14 de septiembre de 1956, mientras ejercía su cargo de cónsul en Nueva York.
El mandatario respondió rápidamente a la misiva: "Es de enorme magnitud lo que Gabriela Mistral ha realizado por Chile, por lo que sería incomprensible que el Presidente de la República no escuchase una súplica nacida del corazón de nuestra gran escritora. Considere, pues, desde ya indultada a María Carolina Geel. Con la cordialidad y admiración de siempre le saluda su amigo y Presidente, para quien ha sido gratísimo el poder aceptar esta petición tan humana y emotiva".
[13 de septiembre de 2006]
la cuarta]

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